Hoy se celebra el Día de la Mujer,
una jornada que homenajea a todas las mujeres, trabajadoras o no, por su labor
en la sociedad desde siempre. Esta fecha se presenta principalmente como un día
para luchar contra la desigualdad entre hombres y mujeres y contra todo tipo de
acción o actitud que subordine a la mujer a cualquier cosa por ser, eso, mujer.
En un día como hoy, todos los medios de comunicación hacen eco de eventos
relacionados con ofrendas a mujeres importantes en la historia, personajes de
la esfera intelectual cantan a la igualdad y se hace balance de lo que queda
por recorrer para conseguirla.
El Mundo publicaba esta mañana en su
edición impresa la tribuna Hacia la igualdad de las mujeres, escrita por
Juan Manuel Moreno Bonilla, secretario de Estado de Servicios Sociales e
Igualdad. Su artículo es impecable. Denuncia la brecha salarial existente en
España ya que las mujeres (no indica el porcentaje de éstas) cobran una media
del 22% menos que los hombres por hacer el mismo trabajo y sólo un 11,5% de
mujeres que trabajan fuera del hogar están posicionadas en un cargo importante
de una empresa o administración. Compara estos datos con Noruega, el país de
toda la Unión Europea donde las mujeres tienen un grado de igualdad mayor con
los hombres y donde la compatibilidad con la natalidad es casi completa.
Bonilla apunta a su vez en datos
referentes a la responsabilidad de cuidar a personas dependientes y a los hijos, tareas que se adjudican
mayoritariamente a la mujer por el fuerte vínculo existente con sus
obligaciones en las tareas del hogar. Por último, habla de la violencia de
género y de la necesidad de terminar con este problema social. Todos estos
aspectos, que dan para llenar páginas y páginas de diarios, los explica
sintéticamente pero de forma concisa y directa.
El perfil de la situación de la mujer
queda bien reflejado pero la idea más importante que hay que extraer del texto
es la siguiente: la importancia de inculcar a la ciudadanía los valores
culturales y la educación adecuada para hacerle comprender que está en las
manos de todos conseguir esta igualdad que tanto se desea, pero que muchos usan
sólo para conseguir aplausos. Siempre es más cómodo sonreír y hacerse la foto
que luchar de verdad, eso que lo hagan a los que pago.
Ahora bien, puede que este artículo
tan certero con la situación de la mujer y de nuestra sociedad y cultura se
quede sólo en eso, cuatro líneas de tinta sobre papel. Puede que haya llegado a
pocos lectores pero tanto el autor como el medio de comunicación que lo
publican cumplen con un objetivo básico de la ética periodística plasmado en el
código deontológico de la FAPE: mantener especial atención en los casos en que
la información se corresponda con colectivos susceptibles de ser discriminados.
Por ello, abstenerse de aludir a estos colectivos de forma despectiva, en este
caso por razón de sexo. A su vez, El Mundo está reiterando con la publicación
de este artículo su compromiso por la igualdad y defiende así la idea de una
sociedad plural y libre, un reto que nunca va mal recordar para reafirmar la
existencia de los medios de comunicación.

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