En los pocos meses que llevamos de año, ya van seis
de las llamadas “víctimas por violencia de género”. Estas son las mujeres que
han muerto a manos de sus maridos o amantes, según parece dar a entender la
descripción, por el mero hecho de ser mujeres. Ha nacido la idea en el
imaginario colectivo de que debemos vivir en un país en el que es habitual que
por tradición los hombres se sientan más bravos y dominantes que sus parejas y
que por ello sea hartas veces frecuente que no les cueste matarlas. Incluso se
ha creado una lista en la que, cuando una mujer muere en estas circunstancias,
la añadimos con la fría taxonomía de un número más que se suma al cómputo, tal
y como el coleccionista, tras clavar su última mariposa con un alfiler sobre el
tablón, la corona con un papelito en que figura su nombre científico, marciano
e incomprensible para la mayoría.
Esta semana, en las páginas de Catalunya de El País del martes 28 de febrero nos trae un ejemplo extremo de cuan
hondamente ha echado raíz esta noción en el imaginario colectivo. Ahora desconcierta
que una mujer sea asesinada en España por un motivo que no sea violencia de género.
Los periódicos están haciendo que al público le importe menos el “qué” que el
“por qué”. Ahora bien, el “por qué” es de las preguntas más importantes que el
periodismo debe saber contestar, pero no a costa de frivolizar algo tan grave
como es la muerte, y algo tan atroz como un asesinato.
El titular es correcto, aun con los imprescindibles
dejes de sensacionalismo de las noticias de sucesos: “Hallada en su piso de Salou una mujer de 69 años asesinada a golpes en la cabeza”. Hasta aquí bien,
pero la guindilla está en el subtítulo: “La policía descarta que el crimen
tenga que ver con la violencia sexista”. Vale decir que esta frase ocupa el
espacio justo adjudicado al subtítulo, por lo que podemos imaginar que Mercè
Pérez, autora de la noticia, se quedó con las ganas de escribir el concepto
fetiche “violencia de género”. Luego, hacia la mitad del cuerpo de la noticia:
“Los agentes no descartan ninguna hipótesis, aunque la posibilidad de un nuevo
caso de violencia sexista se diluye [pero
no desaparece; atención a como la periodista se resiste a descartar del todo la
posibilidad] porque, según diversas fuentes, la víctima no mantenía ninguna
relación sentimental conocida”. Gran sorpresa, tratándose de una viuda de 69
años.
Si los policías “no descartan ninguna hipótesis”, ¿por
qué la reportera sólo saca a relucir esa posibilidad, más aun siendo altamente
improbable dada la edad y el estado civil de la víctima? Es una especulación
innecesaria que únicamente contribuye a hacer que el público se convierta en
perros de Pavlov: así como los perros salivaban al oír la campanilla que
siempre sonaba antes de que les alimentaran, los lectores de los diarios desean
ver las palabras “violencia de género” tras leer que una mujer ha sido
asesinada, para luego poder agitar la cabeza con desprecio y sentir la
comodidad de estar seguros de condenar algo unánimemente despreciado por el
conjunto de la sociedad.
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