Buenas intenciones, pero los mismos tópicos. Eso desprende el cuádruple reportaje que La Vanguardia publicaba el domingo 19 de febrero en su sección de política. Bajo el común titular "Ellas toman el mando", Carmen del Riego, Juan Carlos Merino y Luiz Izquierdo analizan la faceta más femeninamente personal de María Dolores de Cospedal ("Una vida al sprint"), Soraya Sáenz de Santamaría ("El secreto está en organizarse"), Elena Valenciano ("Todo un carácter en medio del caos") y Soraya Rodríguez ("Un reto en dos minutos y medio"). Cuatro mujeres, dos del Partido Popular y dos del Partido Socialista - por lo que parece dar a entender también que la vida de la mujer trabajadora va más allá de la ideología hoy en día -, protagonistas de la más palpitante actualidad política. Cuatro mujeres trabajadoras, cualificadas y con poder - unas más que otras - y autoridad que, además, tienen su vida personal como cualquier otra mujer del mundo.
Más o menos esa es la idea que refleja la pieza central del reportaje, junto a las cuatro fotografías de las políticas, vestidas con sus americanas y reflejando su imagen de mujeres trabajadoras. Hasta ahí, todo es muy correcto. Por un lado, podría considerarse que en pleno siglo XXI este tema debería estar superado y que no hace falta dedicar todo un reportaje a ver que hay mujeres que combinan trabajo profesional con vida personal. Un tema muy manido, podría decirse incluso. Pero, por otro lado, siendo un reportaje para rellenar las páginas extra del domingo, con la aparente intención de destacar que la mujer tiene más protagonismo que nunca en el mundo político (cosa totalmente cierta) y que son una referencia a seguir por el público femenino, no es tan desacertada ni fuera de lugar su publicación.
Ahora bien, el problema está en el enfoque dado en lo profundo del análisis. Excepto en el caso de Soraya Rodríguez – curiosamente, uno de los escritos por un hombre -, todos hablan de cómo compaginan su vida profesional con sus obligaciones como "madre" y "esposas". La imagen clásica de la mujer que debe cuidar a sus hijos y cumplir en el hogar es la que acaba viniendo a la mente del lector, anteponiéndose a la idea de los estudios realizados y el esfuerzo necesario para llegar adonde han llegado, la cual debería ser la principal y es, quizá, la que más difuminada queda. Especialmente en el caso de Elena Valenciano, donde abulta el feminismo (literalmente dicho en el reportaje) con frases y declaraciones como "el ejercicio de una alta responsabilidad política aún es más complicado para una mujer que para un hombre" o "¡Ya me gustaría poder ir todos los días con un traje chaqueta y poder cambiar sólo la blusa, como hacen los hombres!". Palabras que hacen pensar más bien en uno de los reportajes de antaño sobre la liberación de la mujer que en un moderno reportaje que refleja su actual posición, la igualdad, de la que debería hablar, sin reflejos de inferioridad.
Si se hace un reportaje con la intención de plasmar la importancia de la mujer hoy en día y cómo ha llegado a tan alta posición tras años de discriminación, lo lógico es enfocarlo desde su trayectoria profesional, las dificultades por las que ha pasado para llegar hasta ahí y, como mucho, cómo compagina eso con su vida familiar, no centrándose en que debe cuidar de sus hijos y de que su marido "le ayude", como si no fuera la obligación de éste (otra muestra de la falta de igualdad). Estas ideas son, si se mencionan, para un segundo plano. Más noticioso sería inclusive el hecho de que fuera el hombre político el que hiciera de niñera y la mujer tan sólo le asistiera mientras trabaja fuera, pero ningún reportaje de esa índole ha aparecido todavía en estos diarios. La Vanguardia es un periódico más bien centrista, y en el reportaje trata igual a las mujeres de izquierda y a las de derecha, y trata de quedar bien con la mujer. Muy buenas las intenciones. Pero cae en el error del tópico, de no vender a estas mujeres como lo que dice que la vende: trabajadoras con poder ya obtenido, sino como esposas que tratan de compaginar sus supuestas obligaciones como mujer clásicas e incluso acabar de liberarse de ataduras femeninas como son algunas prendas de ropa. Elementos tópicos y triviales que acaban empañando un reportaje y dejando una sensación que no concuerda con lo que se supone que quiere transmitir. O al menos es eso, una sensación.
Si se hace un reportaje con la intención de plasmar la importancia de la mujer hoy en día y cómo ha llegado a tan alta posición tras años de discriminación, lo lógico es enfocarlo desde su trayectoria profesional, las dificultades por las que ha pasado para llegar hasta ahí y, como mucho, cómo compagina eso con su vida familiar, no centrándose en que debe cuidar de sus hijos y de que su marido "le ayude", como si no fuera la obligación de éste (otra muestra de la falta de igualdad). Estas ideas son, si se mencionan, para un segundo plano. Más noticioso sería inclusive el hecho de que fuera el hombre político el que hiciera de niñera y la mujer tan sólo le asistiera mientras trabaja fuera, pero ningún reportaje de esa índole ha aparecido todavía en estos diarios. La Vanguardia es un periódico más bien centrista, y en el reportaje trata igual a las mujeres de izquierda y a las de derecha, y trata de quedar bien con la mujer. Muy buenas las intenciones. Pero cae en el error del tópico, de no vender a estas mujeres como lo que dice que la vende: trabajadoras con poder ya obtenido, sino como esposas que tratan de compaginar sus supuestas obligaciones como mujer clásicas e incluso acabar de liberarse de ataduras femeninas como son algunas prendas de ropa. Elementos tópicos y triviales que acaban empañando un reportaje y dejando una sensación que no concuerda con lo que se supone que quiere transmitir. O al menos es eso, una sensación.
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